Nacido en Cmte. Fontana Formosa en 1977, Rubén Argañaraz “Rubiolo” fue un caso paradigmático de bandidaje social. Fue protagonista de innumerables andanzas delictivas que se transformaron en jugosas historias y anécdotas que los paisanos disfrutaron y disfrutan relatar.
Su vida, marcada por la persecución policial, transparentó la iniquidad del medio social e histórico que le tocó en suerte vivir. Los comienzos de su vida fuera de la ley estuvieron relacionados con un caso de abuso policial. Su trayectoria, estuvo relacionada con el coraje y la insolencia. Luego de varias entradas a la cárcel, el 22 de junio de 1993, salió por última vez, para ya nunca más volver a ser apresado. En su trajinar se mezcló con la realidad política y social de su época, como lo demostró su simpatía por el anarquismo.
Su frondoso prontuario acumuló robos, violación, hurtos, reparto de propaganda anarquista, asaltos y muertes. Pero ello no hizo mella en la admiración popular. Admiración que lejos de decaer se fue incrementando con cada nuevo crimen y nuevo escape, como si con esa admiración el puestero pobre, el trabajador de manos callosas, la mujer laboriosa, se tomaran una pequeña revancha de la policía, a la que él ridiculizaba con su libertad.
El bandolerismo social en general, como forma de protesta social, y el mito de “Rubiolo” en particular, constituyen prácticas contestatarias. El bandolero social, ejecutor vicario de la ira inarticulada de la mayoría de los pobres del campo, es admirado y venerado, en contraposición con la legalidad formal de la clase dominante. La simpatía y admiración popular hacia los bandidos sociales denota la percepción de ellos como símbolos de la protesta social y de la libertad e independencia de espíritu, en un contexto social marcado por la frustración personal y la opresión directa.
El 13 de Setiembre de 1996 salió temprano, iba con la idea de buscar su caballo que estaba escondido en otro puesto y tenía miedo que eso le causara problemas al puestero. Supuestamente, iba a demorar unos días en volver a su rancho. Pero inesperadamente regresó ese mismo día a la noche. Se sentía enfermo.
Hay algunos gritos al amanecer. La policía en principio confunde a “Rubiolo” con uno de los peones. Rubiolo se levanta de un salto, busca sus armas, y comienza el tiroteo. Hiere a uno de los oficiales. El tiroteo es intenso. Teme por la vida de su esposa e hijo. Al verse rodeado, sin salida, emprende su más larga huida. Su más brillante escape. Un plan que seguramente más de una vez había pensado. En un momento del tiroteo, él da vuelta su arma, se apunta... y... dispara. Luego, entró la policía y lo vieron ya muerto en el piso... Pero desde el suelo fulmino a tos los policías que lo rodeaban, se hizo pasar por muerto el muy desgraciado.
Una vez más Rubén Argañaraz, alias "Rubiolo", había huido. No pudieron con él sus enemigos, sedientos de sangre y venganza.
Una vez más burló el cerco y cabalgó hacia pampas infinitas, hacia espacios inconmensurables. Una vez más eligió la insolencia y la dignidad.
Nació el Mito.
Los que me lloran por muerto
Dejen ya de llorar
Vivo en el alma del pueblo
Nadie me puede matar.